
Hay bodas que se viven con una calma especial, como si todo estuviera en el lugar exacto desde mucho antes de que comenzaran. La de Lucía y Alfredo fue una de ellas. Un día lleno de emoción, detalles cuidados con mimo y una pareja que no dejó de sonreír en ningún momento.
Mi jornada comenzó a las siete de la mañana. Siempre me gusta llegar con mucha antelación para evitar imprevistos y familiarizarme con el entorno. Finca Maybri ofrecía infinidad de rincones con personalidad propia, así que aproveché las primeras horas para recorrer cada espacio, estudiar la luz y decidir qué equipo y accesorios serían necesarios en cada momento del día.
El mayor reto técnico estaba claro desde el principio. Toda la boda se desarrollaría prácticamente en interiores, en un día lluvioso y con muy poca luz natural. Para afrontarlo llevaba dos cámaras principales y una tercera de respaldo, objetivos muy luminosos y varios octabox con iluminación artificial que resultaron fundamentales, especialmente durante la ceremonia en la bodega, un espacio espectacular pero con una iluminación casi inexistente.
Los preparativos comenzaron con Alfredo. Fue un momento sencillo, rápido y muy natural. En pocos minutos quedó listo, tranquilo y visiblemente emocionado por lo que estaba a punto de vivir.




















La atención se trasladó después a Lucía, que se preparaba en la impresionante suite nupcial de la finca. Allí el ambiente era completamente distinto: familiares y amigos entraban y salían constantemente, compartiendo abrazos, risas y alguna que otra lágrima. Entre el vestido, los detalles, el maquillaje y la emoción creciente, el ambiente estaba cargado de una energía muy especial.
Uno de los momentos más bonitos del día fue el first look en el Patio del Abuelo. Alfredo esperaba nervioso junto a la gran biblioteca, mientras Lucía se acercaba lentamente. Cuando por fin se vieron, el tiempo pareció detenerse por unos instantes. Fue un encuentro íntimo, sincero y lleno de emoción. Aprovechamos también ese entorno tan singular para realizar algunas fotografías antes de la ceremonia.
La ceremonia tuvo lugar en la bodega de la finca, un espacio acogedor y tremendamente romántico, decorado con un gusto exquisito por la florista y wedding planner Cristina. Las palabras de familiares y amigos emocionaron a todos los presentes y arrancaron más de una lágrima.
Precisamente en la entrada a la ceremonia me encontré con uno de los mayores desafíos técnicos del día. Había calculado mal el fuerte contraluz de la puerta y, en ese instante, no tenía el flash preparado para compensarlo. Durante unos segundos tuve que reaccionar rápidamente, ajustando exposición y encuadre sobre la marcha. Después, con un trabajo cuidadoso en postproducción, conseguí recuperar la escena tal y como merecía ser recordada.
Estamos encantados con el resultado. Las fotos son preciosas y transmiten perfectamente cómo vivimos ese día. Además de gran profesional, nos hizo sentir súper cómodos en todo momento. Sin duda, volveríamos a elegirlo
Lucía
A lo largo de toda la jornada, Lucía y Alfredo se mostraron cercanos, relajados y completamente entregados. Sonrieron sin descanso, siguieron cada una de mis indicaciones y aportaron sus propias ideas, haciendo que todo fluyera con absoluta naturalidad. Cuando existe esa confianza entre pareja y fotógrafo, el resultado siempre gana en autenticidad.
No puedo dejar de mencionar el trato excepcional recibido por parte del equipo de Finca Maybri. Desde mi llegada estuvieron pendientes de que no me faltara nada y me ofrecieron toda la ayuda necesaria para que pudiera trabajar con total comodidad. Cristina, responsable de la decoración y coordinación del evento, también estuvo atenta en todo momento, cuidando cada detalle con enorme profesionalidad.
Tras la ceremonia, el sonido de los tambores acompañó a los recién casados hasta el banquete, dando paso a una celebración llena de alegría y emoción. La noche continuó entre brindis, abrazos y mucha música. Mi trabajo terminó después de los primeros bailes, cuando la pista ya estaba llena y la fiesta apenas comenzaba.
Fue un día intenso y emocionante, con retos técnicos y momentos irrepetibles. Una boda elegante, íntima y profundamente auténtica, de esas que se recuerdan con la misma sonrisa con la que fueron vividas.
Si quieres puedes contactarme para preguntarme lo que quieras. Sin ningún tipo de compromiso!
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